MÉTODO POINT

un método para potenciar la inteligencia
    • Un método para potenciar la inteligencia

  • ¿Qué es el MÉTODO POINT?

    Hace más de dos décadas, las Neurociencias, ciencias que estudian al sistema nervioso y al cerebro desde aspecto estructurales y funcionales, han posibilitado una mayor comprensión acerca del proceso de aprendizaje.

    Las investigaciones utilizando neuroimágenes ampliaron el conocimiento sobre las funciones cerebrales superiores y complejas, como el lenguaje, la memoria y la atención, las cuales son estimuladas, fortalecidas y evaluadas día tras día en los centros educativos de todo el mundo.

    Asimismo, las investigaciones fueron revelando el fascinante proceso de desarrollo cerebral que empieza en el útero materno y sigue durante las diferentes etapas del desarrollo humano.

    En este sentido, podemos entonces llegar a las primeras reflexiones acerca de la importancia de considerar los aportes de las Neurociencias en el ámbito educativo, y así hace 25 años nació el MÉTODO POINT.

    El MÉTODO POINT, es un método diseñado y pensado en la educación y estimulación de niños y niñas en edades tempranas comprendidas entre los 0 – 6 años de vida, en la que se potencia el área del desarrollo infantil propiciando aprendizajes tempranos y el desarrollo de las múltiples inteligencias.

    Establece estrategias y bases educativas debidamente secuenciadas y organizadas sobre la base de la estimulación temprana que conducen tras de sí al desarrollo del niño, potenciando aprendizajes positivos para su formación y garantizando el éxito escolar.

    ¿Qué nos propone el Método POINT?

    El cerebro aprende desde diferentes vías. En los últimos años se ha hablado de cómo el cerebro es capaz de aprender de diferentes formas, utilizando varias estrategias y elementos del entorno.

    Uno de los aportes significativos a esta particularidad del cerebro, ha dado el doctor Howard Gardner (1983) en sus investigaciones acerca de las múltiples inteligencias que conforman el cerebro humano. Explica, en su teoría, que el cerebro no cuenta con sólo un tipo de inteligencia, sino con varias inteligencias que están interconectadas entre sí pero que a la vez pueden trabajar de manera independiente y tener un nivel individual de desarrollo.

    Demostró cómo una persona puede llegar a tener un alto nivel de conocimiento del mundo utilizando tanto la música, como su cuerpo o el lenguaje. Considerar la filosofía de las Inteligencias Múltiples al esquematizar nuestro trabajo, al proponer diferentes aprendizajes o al programar las actividades que llevaremos a cabo en aula, permitirá que nuestros alumnos utilicen diferentes recursos(provenientes de sus múltiples inteligencias) para el aprendizaje y el desarrollo de capacidades.

    El cerebro aprende con diferentes estilos. Muchas veces, los educadores, se planifican y realizan sus clases explorando sólo algunos estilos de aprendizaje, como el visual, el auditivo, el lingüístico o el lógico. Sin embargo, la enorme capacidad de aprender del cerebro humano a través de diferentes estilos, debería proporcionar al educador un abanico de ideas y alternativas para proponer un aprendizaje, facilitando el desarrollo de todas las habilidades de pensamiento de los alumnos.

    Aunque el cerebro de todo ser humano esté programado genéticamente para aprender, procesar, consolidar y recordar un aprendizaje, y los sistemas y funciones involucrados en este proceso también sean los mismos en los seres humanos con un desarrollo normal, sería importante que el educador considerara que el alumno además de aprender de manera visual, auditiva, lingüística y lógica, tiene la capacidad de aprender de manera reflexiva, impulsiva, analítica, global, conceptual, perceptiva, motora, emocional, intrapersonal e interpersonal.

    Una clase programada pensando en diferentes formas de enseñar para diferentes formas de aprender indudablemente es una verdadera oportunidad para el desarrollo humano.

    El modelo educativo de MÉTODO POINT, supone la aceptación de una nueva concepción de la educación, la cual presenta, entre otras, las siguientes características:

    • Recoge la Teoría de las Inteligencias Múltiples (Gardner, 1983, 1993).
    • Acepta una perspectiva holística y constructivista del aprendizaje.
    • Construye un currículo común y diverso.
    • Fomenta una participación activa social y académica.
    • Ofrece unas enseñanzas prácticas adaptadas.
    • Establece una agrupación en base a la etapa de desarrollo del niño.
    • Incorpora el uso de la tecnología en el aula.
    • Se propone enseñar responsabilidad y establecer la paz.
    • Defiende la inclusión de niños con necesidades educativas especiales en nuestras aulas.
    • La metodología de esta escuela está basada en el Método Point,buscando conseguir el desarrollo integral del niño en las primeras etapas de vida, para ello nos centramos en el desarrollo óptimo de las capacidades del niño, para realizar una organización neurológica adecuada para facilitar su aprendizaje. Teniendo como base la estimulación conseguimos que el niño adquiera un gran potencial con el mínimo esfuerzo, aprovechando el placer que le produce el dominio de lo nuevo.
    Propósitos del Método POINT
    • El desarrollo óptimo de las capacidades potenciales de los niños, sobre la base de la estimulación infantil, tratado de que el niño aprenda al máximo con el mínimo de esfuerzo cognitivo y el placer que le produce el dominio de lo nuevo.
    • El desarrollo integral de la personalidad del niño en las primeras edades de la vida.
    • El desarrollo de las competencias cognitivas y efectivas que garanticen el desarrollo de inteligencias múltiples.
    • Crear una dinámica entre la escuela y la familia bajo el criterio: Educar es regla de tres.
    • Atender la diversidad, respetando las diferencias individuales (físicas, culturales y religiosas) a través de una atención individual y diferenciada de cada niño.
    • Fomentar el respeto y la defensa del medio ambiente.
    • Favorecer la comunicación bilingüe (español-inglés).
    • Garantizar una niñez feliz y asegurar un futuro de éxitos.
    Actividades del Método Point

    Dominio de la segunda lengua en el MÉTODO POINT

    Una de las propuestas del “Método POINT, es el aprendizaje natural de una segunda lengua Bilingüismo significa dominar una segunda lengua en sus cuatro capacidades lingüísticas básicas, es decir, escuchar, hablar, leer y escribir.

    Durante la infancia el hecho de convertirse en bilingüe es un acontecimiento inconsciente casi tan natural como aprender a andar, puesto que adquieren dos lenguas como si sólo aprendiesen una, ya que ambas se funden en un solo y único sistema central de procesamiento lingüístico.

    Con nuestro método damos al niño la oportunidad léxico – morfológico – lingüística de adquirir una segunda lengua en un contexto aditivo y con un método simultáneo y natural. Aditivo, porque no desplaza sino que suma; simultáneo, porque ambas lenguas se adquieren al mismo tiempo y natural porque no hay uso de traducciones o mezclas de códigos lingüísticos.

    El bilingüismo es positivo para la mayor diversificación de la inteligencia del niño, porque aumenta la fluidez la flexibilidad, la originalidad y la elaboración de su pensamiento. Ya que los atributos lingüísticos no están aislados en el sistema lingüístico sino que se transfieren fácilmente y son interactivos, es decir, ser bilingüe agudiza la mente y desarrollo el intelecto.

    Convertirse en bilingüe será para el niño acontecimiento lingüístico, social y psicológico, dados los beneficios cognitivos y el enriquecimiento cultural del que podrá beneficiarse.

    Evaluación y diagnóstico

    La evaluación de resultados y pronósticos del niño ocupa un lugar importante en el proyecto, pero rompe con los estaticismos de la evaluación tradicional, proponiendo escalas de evaluación que van en la búsqueda de lo que es capaz el niño de hacer por sí solo y lo que puede hacer con ayuda de otro.

    Las Baterías de pruebas seleccionadas para la evaluación o medición ponen en énfasis el proceso de ejecución y la potencialidad del niño, dando lugar secundario al resultado y al rendimiento que este puede alcanzar.

    Estudios de la escala de medición según la madurez neurológica es fruto de nuestras investigaciones sustentadas en los paradigmas contemporáneos de la Educación y la Estimulación Infantil.

    La estimulación auditiva en el MÉTODO POINT

    El oído es la base del funcionamiento y puesta en marcha de la capacidad de la escucha. La escucha tiene un sustrato mecánico-auditivo con una base neurofisiológica. No es un acto únicamente voluntario.

    ¿Qué es la escucha? La escucha es la capacidad para poder utilizar el oído a nivel sensorial y motriz de una manera atenta, con el fin de aprender y comunicar, y sin que ello resulte perturbador a nivel emocional. La escucha permite integrar de manera objetiva la realidad desde la neutralidad emocional.

    El oído sirve para algo más que oír. Oír no es lo mismo que escuchar. Oír es una sensación pasiva, involuntaria y no selectiva.

    En la escucha está la verdadera comunicación. Escuchar es la autentica percepción y esta es activa, voluntaria y selectiva. Escuchar es estar presente. Es una recepción. Sin escucha, no hay una correcta comprensión y posterior integración de los mensajes recibidos.

    La estimulación temprana es más importante en el área auditiva que en las demás. Cuanto antes se fomente el desarrollo cerebral, tanto más fácil y perfecto será éste. Pero, en el caso de la inteligencia auditiva, es más urgente porque, muy pronto, los estímulos pierden parte de su eficacia.

    En la primera infancia alcanza el grado máximo la capacidad de discriminar sonidos como los fonemas propios de cada lengua y los sonidos musicales. Si no se logra un nivel ideal en esa etapa, hay muchas probabilidades de que no se consiga nunca.

    Técnicas de estimulación para un mayor potencial inteligente

    Neurociencia y Aprendizaje. Influencia de las emociones en el proceso de aprender

    Desde los años 90, con la aparición de nuevas técnicas científicas que nos permiten conocer con mayor profundidad y exactitud como funciona nuestro cerebro y con la consiguiente aparición de la Neurociencia como disciplina, tenemos la posibilidad de enlazar la biología molecular con los estudios cognitivos, psicológicos y sociales, dando lugar a lo que conocemos como Neuroaprendizaje. Sabemos que el funcionamiento del cerebro es un fenómeno múltiple, en el que hemos de tener en cuenta todos estos enfoques.

    Con todo ello, los descubrimientos de la Neurociencia nos ayudan a entender mejor los procesos de aprendizaje de nuestros alumnos y, en consecuencia, a enseñarles de manera más motivadora, eficaz y acorde a sus necesidades y momento de desarrollo.

    Los avances en Neurociencia, a través de la puesta en práctica de nuevas técnicas no invasivas de diagnóstico y estudio del cerebro, han confirmado postulados que se adelantaban en la psicología del desarrollo hace ya varios años, tales como la importancia de la estimulación temprana en el desarrollo del niño. La Neurociencia nos ha confirmado que:

    • El aprendizaje cambia la estructura física del cerebro.
    • Estos cambios estructurales alteran la organización funcional del cerebro.
    • Diferentes partes del cerebro pueden estar listas para aprender en tiempos diferentes.
    • El cerebro es un órgano dinámico, moldeado en gran parte por la experiencia.
    • El desarrollo no está impulsado simplemente por un proceso biológico, sino que es también un proceso activo que obtiene información esencial de la experiencia.

    Jensen (2000) hace hincapié en estos descubrimientos por las importantes implicaciones que tienen tanto para el aprendizaje de los niños como para la organización de nuestras escuelas y la formación de nuestros equipos directivos y del profesorado. Entre estos descubrimientos, destaca que, a la hora de enseñar, hemos de partir de lo siguiente:

    • El cerebro puede hacer crecer nuevas células.
    • Ofrecer estimulación al cerebro propicia que éste se modifique
    • Las interacciones y el estado social impactan sobre los niveles de hormonas.
    • Las hormonas impactan en el conocimiento.
    • El córtex prefrontal dirige la atención y es responsable de los déficits atencionales, es lo que el autor denomina el cerebro atencional.
    • La retroalimentación es fundamental en la formación de las redes neuronales.
    • Las artes y la música afectan al cerebro y la conducta.
    • El movimiento influye en el aprendizaje.
    • Los tres primeros años son tremendamente valiosos, es fundamental saber qué hacer y cuándo hacerlo.

    De la misma manera Caine y Caine (1997) establecen lo que denominan principios de aprendizaje del cerebro. Determinan 12 postulados en los que dejan patente que durante el primer y segundo año de vida fuera del vientre materno, nuestros cerebros están en un estado lo más flexible, impresionable y receptivo como nunca lo estarán. Comenzamos a ser configurados a medida que nuestros receptivos cerebros interactúan con nuestro temprano entorno y establecen relaciones interpersonales. Con ello que queda patente que el aprendizaje está profundamente influido por la naturaleza de las relaciones sociales dentro de las cuales se encuentra cada niño, lo que aprendemos está influido y organizado por las emociones. Por lo tanto, un clima emocional apropiado es indispensable para una sana educación.

    Por último, señalan que cada cerebro está organizado de manera única, todos tenemos el mismo conjunto de sistemas y, sin embargo, todos somos diferentes. Algunas de estas diferencias son una consecuencia de nuestra herencia genética y otras son consecuencia de experiencias diferentes y entornos diferentes. Es fundamental partir de que cada alumno es diferente y que todos y cada uno de ellos necesitan estar expuestos a una multiplicidad de estímulos que vayan encaminados a desarrollar los talentos de cada uno.

    Hoy sabemos que la construcción del cerebro es gradual y que depende de factores genéticos pero también, en gran medida, de factores ambientales y que, en contra de lo que se creía hasta hace algunas décadas, seguimos aprendiendo durante toda la vida. Como afirman Junqué y Barroso (2009) la plasticidad neuronal existe durante toda la vida, es el estado normal o habitual del sistema nervioso, aunque ya podemos asegurar que existen períodos sensibles en los que es fundamental favorecer determinadas conexiones con el fin de crear la estructura básica necesaria para un posterior aprendizaje. Ello explica por qué las lenguas nuevas y las artes deben ser introducidas a los niños de manera temprana.

    Esta plasticidad neuronal es uno de los temas centrales de la neuropsicología del desarrollo y nuestro objetivo como educadores es lograr crear en la escuela, mediante entornos estimulantes, nuevas conexiones sinápticas que ayuden a nuestros niños a desarrollarse de forma plena.

    Poder comprender cómo es el proceso interno de nuestro cerebro nos ayuda a incorporar diferentes recursos en el aula encaminados a conseguir los mejores resultados con nuestros niños.

    La moderna Neurociencia ha puesto de manifiesto que lo que sentimos, pensamos o hacemos representa conexiones neuronales que continuamente están reestructurando nuestra red neuronal: todo aprendizaje es una reacción electrobioquímica.

    Hoy tenemos amplios conocimientos sobre cómo se desarrollan las bases biológicas cerebrales implicadas en el aprendizaje y cómo inciden los estímulos ambientales en el aprendizaje.
    Y dentro de aquí, se ha demostrado científicamente la importancia que tienen los procesos emocionales en el aprendizaje.

    Cada experiencia de aprendizaje puede ir unida al placer o al dolor pero sólo en el primer caso estaremos motivados por repetir la experiencia. Cada uno tenemos nuestras propias redes de conexiones creadas por nuestras propias experiencias y aprendizajes. Estos circuitos neuronales que se crean y se repiten, irán reforzando y remodelando nuestro cerebro mientras que aquellas redes que no volvamos a utilizar se irán debilitando.

    Tenemos el reto de proponer a nuestros niños experiencias placenteras que sean capaces de motivarles para que deseen seguir aprendiendo durante toda su vida. Tenemos la obligación de provocar entornos emocionales que predispongan a la acción y al aprendizaje. Todo aprendizaje ocurre siempre dentro de una relación y de un entorno concreto y sabemos que la emoción que como educadores provoquemos en nuestros niños será la llave para el aprendizaje posterior.

    Interacción mente-emoción

    En el útero ya sentimos y expresamos emociones, desde el inicio de nuestra existencia primero somos seres que sentimos y después seres que pensamos. Sabemos que la estimulación sensorial que se recibe y el vínculo emocional que se establece antes y durante los primeros meses de vida son vitales para la estructuración y reorganización neurológica. Por ello, el desarrollo temprano requiere de experiencias sensoriales y sociales relevantes pues como ya hemos comentado, sabemos que el desarrollo cerebral puede ser modificado por factores ambientales.

    A ello se le añade la certeza de que el funcionamiento de la amígdala y su interrelación con el neocórtex constituyen el núcleo de nuestro funcionamiento emocional, factor esencial en el proceso de atención , memoria y aprendizaje. Esta influencia de la emoción en el aprendizaje, conlleva de manera fundamental tener que incluir en nuestras programaciones el aprendizaje de competencias emocionales tales como la conciencia emocional, la gestión de emociones, el desarrollo de la empatía, la asertividad, la resolución de conflictos… pues van a ser un predictor de éxito académico y personal. En palabras de Goleman hay que actuar sobre la mente que piensa y la mente que siente: educar la mente y el corazón.

    El juego: medio esencial para desarrollar las inteligencias múltiples

    Hoy ya somos conscientes de la necesidad de esta educación global, de la mente y el corazón, para la que es necesario estimular el cerebro desde diferentes vías, ofreciendo a nuestros niños todo lo necesario para poder desarrollar sus capacidades y talentos a través de emociones placenteras que provoquen nuevas conexiones sinápticas que tiendan a ser repetidas.

    Desde la escuela, se trata de favorecer este enriquecimiento sináptico de una forma más productiva, alejándonos de una instrucción meramente tradicional, donde el alumno es un sujeto pasivo para pasar a sistemas basados en procesos lúdicos, tomando el juego como la técnica metodológica más eficaz.

    Ya autores de la talla de Piaget nos decía que la inteligencia es sencillamente un sistema de operaciones vivas y activas basadas en la experiencia (personal, afectiva y cercana del niño), y la actividad intelectual supone la aceptación de la práctica. El juego se convierte en consecuencia en la base de todo aprendizaje.

    Recordemos que uno no aprende a jugar, nace jugando, es un aprendizaje que podemos llamar genético pues subyace en la memoria filética del ser humano. Por lo tanto, se trata de desarrollar y cultivar estos juegos para que lleguen a su máxima expresión. Si estos juegos los asociamos con la creatividadad y las inteligencias múltiples se podrán obtener nuevos aprendizajes y saberes para un desarrollo más pleno y global de nuestra sociedad.

    Hasta hace no mucho, el juego, a pesar de ser una actividad universal del hombre, no ha tenido la importancia y el valor que se merece. Socialmente, se acepta la importancia del juego en la vida del niño, pero se le menosprecia al considerarlo a menudo como una actividad que sirve sólo para disfrutar. Desde aquí, queremos reivindicar que el juego es mucho más que placer, es una necesidad vital, el primer instrumento de aprendizaje del que dispone el niño para conocerse a sí mismo y al mundo que le rodea y, durante la primera infancia, es el medio idóneo de todo proceso educativo.

    A través del juego, el niño se expresa libremente y da rienda suelta a su imaginación. Es cierto que, en muchas ocasiones, los niños muestran una preferencia clara por determinados tipos de juegos. Por ello, es nuestra labor como educadores poner a su disposición otras posibilidades de juego (ofrecer juegos simbólicos, de movimiento, de construcciones, puzzles…) pues el juego, además de propiciar el desarrollo cognitivo del niño, es un factor indispensable para su desarrollo socio-emocional. A través de él el niño va a tener que aprender a respetar a sus iguales, a llegar a acuerdos con ellos, a resolver conflictos…, observar el juego de un niño nos va a dar idea de su situación de bienestar personal y nos va a dar la posibilidad de poder intervenir en favor de ese bienestar.

    Gardner afirma que todas las personas tienen, al menos, ocho inteligencias, localizadas en áreas más o menos bien diferenciadas del cerebro. Cada persona posee un grado de desarrollo de cada una de estas inteligencias y una combinación particular de las mismas. Por tanto, cada uno de nosotros tiene un espectro de inteligencias propio.

    Llegados a este punto, recordemos que dentro del proceso de aprendizaje teníamos como eje central las emociones, desde las competencias emocionales construimos las cognitivas, con todo ello, ser emocionalmente inteligente es hoy una necesidad prioritaria. En un mundo en constante cambio y con un futuro incierto, tener que tomar buenas decisiones y dirigir bien la vida va a ser imprescindible para la felicidad de nuestros niños y esta habilidad tiene que ver más con el trabajo de las emociones que con la parte racional de nuestro cerebro.

    La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1983) da cabida a esta formación dentro de las escuelas, hasta ahora centradas más en potenciar la inteligencia lingüística- verbal o la lógica-matemática, poniendo de manifiesto la necesidad de estimular también las inteligencias intrapersonal e interpersonal como una parte fundamental de la educación.

    Nuestra labor nos permite aprovechar la lenta maduración del cerebro para ayudar a los niños a cultivar un sano repertorio emocional, enseñándoles a identificar, reconocer y controlar sus emociones con el objetivo final de favorecer su desarrollo integral.

    Por todo ello, la escuela debe promover actividades que desarrollen todas y cada una de las inteligencias pues no todos tenemos los mismos intereses y capacidades y no todos aprendemos de la misma manera. Cada niño tiene varias inteligencias predominantes que hemos de atender, sin por ello olvidar el resto de inteligencias. En este sentido incluir en el aula diferentes ambientes con una diversidad de juegos nos ayudará a activar esta variedad de talentos.

    El juego como eje central de la neuroeducación en la primera infancia

    Partimos de que jugar es una forma de usar la inteligencia en la que se combina el pensamiento, el lenguaje y la fantasía.

    El cuerpo, los objetos, las palabras, los otros, los juguetes … son las herramientas del juego, el cual va evolucionado con el proceso de desarrollo cerebral. Ya hemos visto que jugar es la forma natural de aprender del cerebro, un ciclo que empieza y termina con la participación activa del niño.

    Los educadores tenemos que propiciar los medios para ayudar a que el niño tenga posibilidad de juego en la escuela, pero no sólo juegos estructurados o semi-estructurados sino tiempos en los que esté presente el juego libre pues, como afirma el psicólogo y biólogo Jerome Brune, el juego libre ofrece al niño la oportunidad inicial y más importante de atreverse a pensar, a hablar y quizás incluso de ser él mismo.

    En el mismo sentido, Begoña Ibarrola, en su reciente publicación Aprendizaje emocionante, aboga por la necesidad de que en la escuela se fomente el juego, la exploración espontánea, la predicción, el ensayo-error y la retroalimentación.

    En general todas las instituciones vamos siendo conscientes de este enfoque aunque, en muchos casos, se está confundiendo estimular con sobreestimular, exponiendo a los niños al aprendizaje de ideas y conceptos alejados de sus necesidades. Es cierto que las intervenciones que se hagan antes de los 5-7 años serán fundamentales a la hora de sentar las bases de habilidades que van a ser el pilar de otras nuevas, pero hemos de hacerlo con criterio, respetando la naturaleza del niño y de su desarrollo. Se trata de favorecer aprendizajes no de acelerarlos o incluirlos a destiempo.

    Los maestros somos los entrenadores de los cerebros de nuestros alumnos y sabemos que las experiencias que suceden en la etapa prenatal y durante los primeros años tienen una importancia especial para el desarrollo de las funciones mentales. El cerebro aprende y retiene mejor las informaciones cuando nuestro organismo interviene de forma activa, de esta manera se estimulan más sentidos e interactúan más áreas cerebrales en el proceso.

    Dentro de aquí el juego es parte esencial en el desarrollo del niño. El juego es pura emoción y ésta es el estímulo más poderoso para promover la atención y la motivación del alumno, es unos de los activadores más importantes del aprendizaje.

    Este sistema atencional sabemos que está regulado por componentes químicos. Ante una emoción, la amígdala libera dopamina al sistema, que a su vez es una hormona que ayuda a la memoria y al procesamiento de la información. Cuanto más intensa es la activación de la amígdala, más profunda es la huella que queda. Las experiencias que conllevan implicaciones emocionales son memorizadas fácilmente y se van a utilizar con mayor frecuencia en situaciones posteriores. Por lo tanto vemos que la emoción y la motivación dirigen el sistema de atención que selecciona estímulos y decide qué información aprender.

    Hoy sabemos que un aprendizaje meramente pasivo, en el que el niño ha de estar sentado y sólo ha de escuchar, con baja interacción con compañeros está directamente relacionado con el incremento de la apatía y la desconexión.

    Esto pone de manifiesto que es imprescindible generar emociones placenteras, creando en primer lugar entornos emocionalmente cálidos, que proporcionen a los niños un ambiente de seguridad emocional y física, una atmósfera de confianza con vínculos afectivos que predispongan al aprendizaje y, a partir de aquí, disponer diferentes ambientes de aprendizaje en los que se active el cuerpo y se lleven a cabo diversos juegos, dinámicas, actividades musicales…

    El juego tiene en sí mismo dos componentes fundamentales para que se produzca el aprendizaje: la curiosidad, emoción primaria que nos lleva a motivarnos por algo y fijar nuestra atención de forma voluntaria, y el movimiento, vía fundamental de aprendizaje en la primera infancia. El juego es el medio que pone en marcha la curiosidad y el movimiento. El niño actúa por curiosidad y, a través de esta actuación curiosa (juego) aprende y adquiere habilidades y capacidades de un modo eficiente, preparándole para funcionar de manera adecuada en el mundo externo.

    El niño juega porque le produce placer, va repitiendo juegos que le son placenteros, creando y fijando nuevas redes neuronales que van reestructurando su cerebro, ayudando a su crecimiento y maduración. Esta emoción positiva genera la producción de serotonina, generando un circuito que se retroalimenta y lleva al niño a repetir de manera sistemática el acto de jugar. Estos juegos son los que le van a permitir adquirir toda una serie de competencias físicas, cognitivas, emocionales y sociales que van a contribuir a su desarrollo integral.

    En este punto no hemos de olvidar que la docencia es un trabajo emocional, nosotros somos generadores de emociones, somos los que creamos curiosidad o aburrimos, los que generamos confianza o desconfianza en nuestros niños. En definitiva, somos los responsables de generar lo que Goleman denomina un ambiente
    resonante, un ambiente emocional positivo en el que todos nuestros niños puedan dar lo mejor de sí mismos.

    Tipos de juego según las diferentes etapas del desarrollo

    Para saber qué tipos de juegos hemos de ofrecer en cada momento hemos de conocer en profundidad el desarrollo infantil para, a partir de él, propiciar determinadas actividades en el aula.

    De los 0 a los 2 años, el niño se encuentra en el período sensoriomotor, encontramos juegos sensoriales, motores y de integración somato-sensorial. El niño repite una y otra vez una acción por el puro placer de obtener el resultado inmediato (lanzar objetos, agitarlos, gatear, balancearse, esconderse…). A través de ellos, el niño ya se relaciona con su propio cuerpo, con los demás y con los objetos que le rodean. Estos juegos favorecen la coordinación óculo-manual, el equilibrio, la interacción social, el desarrollo de la permanencia del objeto… A medida que las posibilidades de locomoción del bebé aumentan, se incrementa la exploración del espacio y de otros objetos y personas que están por descubrir.

    De los 12 a los 18 meses ese juego con objetos va pasando de la mera exploración sensorial a tener un carácter más instrumental y comienza a imitar gestos o movimientos que no puede ver en sí mismo.
    De los 18 a los 24 meses esas acciones que el niño realizaba de forma automática, ahora son representadas mentalmente antes de actuar (puede preveer qué ocurre si lanza una pelota), aparece también la imitación diferida (con ausencia total del modelo). Es el inicio del juego
    como si.., hacen como si bebieran de un vaso vacío, como si hablasen por teléfono … , estos juegos pre-simbólicos son precursores del inicio del siguiente estadio evolutivo. El juego en este período es casi en tu totalidad individual.

    Entre los 2 y los 6 años, en el período preoperacional, predomina el juego simbólico y los juegos socioemocionales. El niño simula situaciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento del juego. Este juego simbólico ayuda al niño a comprender y asimilar el entorno que le rodea, a practicar roles adultos y darles así un sentido, a desarrollar el lenguaje, la imaginación y la creatividad y a aprender a vivir en sociedad cuando esos juegos son compartidos.

    A los 24 meses ya es capaz de realizar juegos con esquemas de dos o tres acciones aunque estas secuencias a menudo no tengan una lógica.

    En torno a los 30 meses se produce la inclusión de nuevos personajes de ficción en sus roles y las acciones del juego comienzan a tener una secuencia basada en la lógica. A partir de los tres años, el juego va ganando en argumentación y en secuencias, llegando a utilizar los objetos como sustitutos (una tela bien puede ser una manta, un mantel o una capa de superhéroe…), dejando ver una creciente riqueza simbólica. En cuanto a la relación con sus iguales comienza a existir una colaboración en el juego, aunque aún es de corta duración. Es lo que se denomina juego en paralelo.

    A partir de los cuatro años este juego simbólico ya presenta una mayor complejidad, elaboración, estructuración. Los niños son capaces ya de planificar su juego, de establecer roles y de ir improvisando soluciones a medida que surgen imprevistos. El lenguaje será el conductor principal de su discurso y el juego cooperativo pasa a ser su centro de actuación.

    Estos juegos permiten al niño total libertad para desarrollar cualquier fantasía, para definir en qué se puede convertir cada objeto o quién puede llegar a ser él mismo, además de que negociar el juego entre compañeros de la misma edad es más complicado que tener que negociar con un adulto. Con sus iguales el niño ha de decidir qué argumento va a tener el juego, qué papel va a adoptar cada uno de ellos y qué objetos y cómo los van a utilizar. Esta aparición de reglas son las que en el futuro les van a permitir poder integrarse en juegos o actividades en los que existan unas reglas claras e inamovibles. Todos hemos de aprender que hay unas normas que cumplir, unos turnos que respetar y que no siempre conseguimos lo que deseamos.

    A partir de los 6 años los niños entran en el estadio de las operaciones concretas, donde ya van a predominan los juegos de reglas y los juegos cognoscitivos y abstractos. Dentro de esta evolución del juego, Piaget describe la aparición del llamado juego de construcción. Éste aparece aproximadamente a partir del primer año de vida y va a ser un juego que evolucionará a lo largo de los años y se mantendrá al servicio del juego predominante en cada estadio. A los doce meses los niños intentan apilar objetos, a los 18 hacer puzzles, a los dos años torres cada vez más altas, a los tres años construir casitas, coches, castillos… y así sucesivamente este juego va ganando en complejidad hasta poder llegar a utilizar materiales muy complejos que se encuentran en el mercado actual. Estos juegos de construcción van a desarrollar la coordinación óculo-manual, mejoran la motricidad fina, potencian la creatividad, aumentan la capacidad de atención y concentración, estimulan la memoria visual y el razonamiento espacial y facilitan el juego cooperativo.

    Hay que tener en cuenta que, una vez que aparece un nuevo tipo de juego, no desaparecen los juegos anteriores sino que se perfeccionan y pasan a estar al servicio del juego posterior.

    Esta secuencia de aparición de los tipos de juego a lo largo del desarrollo infantil sucede de la misma manera en todos los niños aunque, dependiendo de los casos, puede variar la edad de inicio en cada etapa. Esta evolución del niño pone de manifiesto que el juego es un elemento indispensable para el desarrollo de habilidades motrices, cognitivas, emocionales y sociales. A través del juego, el niño va desarrollando su cuerpo, su pensamiento, reconociendo sus emociones y generando actitudes de escucha, respeto y empatía hacia el otro.

    Propuestas para incluir el juego en la educación formal: pedagogía por rincones y psicomotricidad vivenciada

    Dentro de las propuestas metodológicas que parten de la emoción positiva y del juego como vía natural de aprendizaje, se encuentran la pedagogía por rincones y la psicomotricidad vivenciada, ambas entendidas como complemento a actividades más dirigidas o estructuradas, en las que todo está organizado por los adultos. No se trata de eliminar este tipo de actividades sino de ampliar las posibilidades dentro de la jornada escolar del niño, entendiendo que el juego en libertad también es necesario para su adecuado desarrollo.

    Organizar la clase por rincones de juego es una buena manera de contribuir a que el niño, según sus necesidades, juegue y aprenda espontáneamente. Para ello disponemos en el aula diferentes ambientes o rincones de aprendizaje : rincón de juego simbólico, de cuentos, de plástica, de construcciones, el rincón de la asamblea, de puzzles y juegos… , en los cuales va a existir una gran variedad de estímulos.

    En este sistema, los niños comienzan el día con una asamblea en la que cada niño expresa lo que ese día quiere aportar a su grupo. Una vez finalizado el tiempo de asamblea, uno por uno van el rincón en el que quieren jugar. Previamente los niños han recibido información sobre qué materiales van a encontrar en cada rincón de juego. Estos materiales irán variando en función de la programación de aula que cada profesor establezca.

    Hasta los tres años los alumnos van a ir cambiando de rincón según su necesidad pues sus tiempos de atención y motivación son cortos, pero a partir de los 4 años sí permanecen en el rincón elegido durante el tiempo destinado a rincones. Por otro lado, el número de niños que puede estar en cada rincón juego también está limitado y no pueden repetir rincón a lo largo de la semana. Se trata de que el niño pase por todos los rincones dispuestos en el aula de forma que estimulemos todos los ámbitos del desarrollo.

    Vemos que con esta metodología partimos de su elección pero también se trabaja la tolerancia a la frustración pues no siempre van a poder acceder a su primera elección. En definitiva, se parte de la motivación primera del niño, se le da autonomía y responsabilidad desde el inicio y se le va ayudando a aprender a tolerar las frustraciones del día a día, desarrollando un sentimiento de autoconfianza y seguridad.

    En cuanto a la gestión del material, también les vamos enseñando a jugar con el material concreto que hay en cada rincón y en un inicio el adulto puede hacer de compañero de juego.
    Por último, cuando se acaba la sesión de rincones, les enseñamos a recoger devolviendo cada cosa a su sitio y se finaliza de nuevo con una asamblea donde cada niño comenta a qué ha jugado en cada rincón, reforzando el carácter social del aprendizaje y la capacidad para reflexionar sobre lo aprendido y conseguido cada día.

    A modo de resumen, la pedagogía mediante rincones favorece que:

    • los niños elijan y sean autónomos
    • se acepten unas normas
    • se respete su individualidad pues siempre hay un rincón que tiene un material atractivo para cada niño, para algunos será el material de construcciones, para otro el de juego simbólico, etc, teniendo en cuenta que cada uno tiene sus preferencias e intereses (teoríaa de las inteligencias múltiples)
    • el profesor realice un seguimiento exhaustivo de cada alumno. Al tener el grupo distribuido en grupos más pequeños, el profesor puede realizar un seguimiento individual pormenorizado, pudiendo observar con mayor profundidad los avances y progresos que cada uno de los niños va realizando o aquellos puntos que se necesitan reforzar
    • se ofrezca un material organizado y al alcance de los niños
    • se organice el espacio de forma adecuada
    • se cree un medio que permita al niño ser creativo

    Para realizar la evaluación de los rincones, el educador debe centrarse en:
    El progreso del niño, a través de la observación directa de cada uno de los rincones que existan. Se debe anotar si el niño participa de forma activa, si comienza la actividad por iniciativa propia, si juega solo o con compañeros, si es capaz de mantener la atención durante todo el espacio de tiempo del que dispone, si demuestra placer al realizar la actividad.
    Su tarea educativa: es importante reflexionar diariamente sobre la aceptación por parte de los niños de los rincones y buscar continuamente nuevos materiales y actividades que favorezcan la estimulación de todas las capacidades y habilidades de cada niño.
    En este sistema de enseñanza, el resto de actividades como música, teatro, habilidades motrices, huerto… se entienden como talleres grupales que complementan la jornada escolar siendo el eje del día y de la programación de aula, el trabajo por rincones.

    Entre estas otras actividades destacamos la integración de la psicomotricidad vivenciada en la jornada escolar.

    En 1980 Aucouturier y Lapierre crean esta nueva disciplina en la que la expresión del cuerpo no es sólo una expresión motriz del niño, su movimiento tiene en todo momento un significado también cognitivo, afectivo y social.

    El juego del niño es el principal instrumento de este tipo de psicomotricidad. A través de él cada niño se manifiesta tal como es y tal como está.

    El período óptimo de aplicación de esta disciplina abarca desde el nacimiento hasta los 8 años, edad en la que la expresividad motriz entendida como un conjunto de manifestaciones físicas, emocionales, cognitivas y sociales comienza a ser reemplazada por otra manera de estar en el mundo anticipatoria de lo que va a ser el comportamiento adulto.

    El objetivo principal de esta actividad es favorecer y potenciar la adaptación de la persona a su medio a partir del desarrollo de su propia identidad. Esta identidad se va constituyendo a través de las relaciones que el cuerpo establece con el tiempo, los espacios y los otros.

    El psicomotricista, a través de su manera de ser y actuar, ayuda a la maduración psicológica y social del niño. Para ello, propone, orienta y establece límites que ofrecen al niño seguridad. A través de lo que denominamos mirada periférica el psicomotricista está atento a lo que ocurre en la sesión, ayudando a cada niño en su proceso.

    Para este fin se mantiene en una distancia física y emocional que le permite respetar la dinámica del niño, observa los tipos de juegos que se desarrollan, las estructuras de las construcciones, los roles que adopta cada niño, las relaciones afectivas que se establecen y la calidad de la comunicación que se da en la sesión. Todos los datos observados le servirán para intervenir de la manera que considere más adecuada.

    La sala de psicomotricidad cuenta con una distribución espacial:

    • Espacio del placer sensoriomotor: destinado a la exploración del placer del movimiento unido a la dimensión emocional.
    • Espacio del juego simbólico: lugar de juegos pre-simbólicos y juegos simbólicos o del
      como si.
    • Espacio de descentración: reservado a la expresión plástica, gráfica y/o verbal.

    Y también cuenta con un dispositivo temporal:

    • Ritual de entrada
    • Tiempo de juego
    • Asamblea final (fase de descentración)
    • Ritual de salida

    Pilar Arnaiz (1988) resume a la perfección lo que representa esta actividad para los niños: La sala de psicomotricidad es un lugar privilegiado para el niño, ya que en ella suceden cosas importantes para él. Es un lugar en el que el niño resuelve sus problemas, es donde puede manifestarse como es sin ser rechazado, en definitiva, es donde vive en plenitud su expresividad motriz, lo cual le produce una gran satisfacción y felicidad.

    Katy Hish-Pasek afirma que el juego reduce la distracción; es como una lente que nos ayuda a dirigir la atención a lo que queremos que aprendan, crea un escenario que prepara a los niños para el descubrimiento y la exploración, pero también demanda mucho más tiempo y esfuerzo de los maestros.

    Es cierto que este tipo de metodologías requiere de implicación, dedicación y mucho tiempo de los profesores para desarrollarlas y llevarlas a la práctica, pero mejorar la calidad de nuestro sistema educativo desde los primeros años de la vida y mejorar el perfil de nuestros educadores es nuestra labor y nuestro fin último como responsables directos de instituciones educativas.

    Es necesario que toda la comunidad educativa tomemos conciencia de la necesidad de conocer más sobre los nuevos descubrimientos y avances en neuroaprendizaje de forma que vayamos caminando hacia una enseñanza, un ambiente escolar, un currículo y una evaluación que sean más compatibles con la manera de aprender de cada uno de nuestros niños. Este reto nos compete a todos y cada uno de nosotros y es la clave del éxito de la educación del futuro.

    Proyecto de inclusión del MÉTODO POINT

    En nuestra experiencia cotidiana, descubrimos que no hay dos niños o niñas iguales, que no hay un alumnado tipo y que si conseguimos detectar las necesidades de cada uno, conocer la forma en la que le resulta más fácil aprender e incluso más motivador, nuestro trabajo es mucho más eficaz y satisfactorio.

    Esta forma de atender y dar respuesta a cada alumno y alumna, este afán por respetar la diversidad, valorándola como la riqueza de nuestra aula y no como un problema, es la que le da sentido.

    En la medida en que conozcamos profundamente a nuestro alumnado, lo iremos entendiendo. Automáticamente nos parecerá interesante y peculiar su forma de ser, le querremos y respetaremos aún más, le respetaremos a él o a ella en concreto, no hablaremos de respeto al alumnado de manera abstracta, sino que este sentimiento tendrá una cara, una concreción.

    Sentiremos cada vez más aprecio por su persona, seremos más agentes transformadores de su vida y él o ella pasarán a ser parte Importante y enriquecedora de la nuestra. Darán sentido a nuestro trabajo, a nuestro día a día.

    Definición de Educación Inclusiva

    La Educación Inclusiva implica que todos los niños aprendan juntos, independientemente de su origen, sus condiciones personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan cualquier problema de aprendizaje o discapacidad.

    Se trata de una escuela que no pone requisitos de entrada ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo, para hacer realmente efectivos los derechos a la educación, a la igualdad de oportunidades y a la participación.

    En la escuela inclusiva, todos los alumnos se benefician de una enseñanza adaptada a sus necesidades y no sólo los que presentan necesidades educativas especiales.

    La Educación Inclusiva se entiende como la educación personalizada, diseñada a la medida de todos los niños en grupos homogéneos de edad, con una diversidad de necesidades, habilidades y niveles de competencias.

    Se fundamenta en proporcionar el apoyo necesario dentro de un aula ordinaria para atender a cada persona como ésta precise, entendiendo que podemos ser parecidos pero no idénticos unos a otros y, con ello, nuestras necesidades deben ser consideradas desde una perspectiva plural y diversa.

    Objetivos de la escuela inclusiva

    • Promover el desarrollo de una serie de capacidades y la apropiación de determinados contenidos culturales necesarios para que los alumnos puedan participar
      e integrarse en la escuela normal.

    • Favorecer la igualdad de oportunidades, proporcionar una educación personalizada, fomentando la participación, la solidaridad y cooperación entre los alumnos,
      mejorando la calidad de la enseñanza
      y la eficacia del sistema educativo.

    • Impulsar la democracia y la justicia, favoreciendo el hecho “que todos los niños y niñas de una determinada comunidad aprendan juntos, independientemente de
      sus condiciones personales, sociales o culturales, incluso aquellos que presentan discapacidad”. (UNICEF, UNESCO).

    • Desarrollar las estrategias de intervención y medidas de apoyo necesarias para detectar y atender las necesidades y características personales de cada alumno.

    Implicaciones de la Escuela inclusiva

    La puesta en marcha de la E.I. tiene unos efectos más o menos inmediatos en el contexto sociocultural y genera una serie de cambios, entre los que destacamos los siguientes:

    • Una comunidad en la que desarrollarse plenamente dentro de un entorno justo, solidario y acogedor, y en la que la colaboración de los padres y madres es fundamental.
    • Una escuela que apoya, atiende y satisface las necesidades de todos y no sólo de unos pocos. Nadie queda fuera de la escuela.
    • Un modelo educativo tolerante en el que se aceptan y potencian las características y circunstancias de cada uno. La posibilidad de descubrir y desarrollar
      sus capacidades, adaptando su formación intelectual a sus propias condiciones intelectuales, y de salud, etc.

    • La posibilidad de enriquecerse en relación y gracias a los otros, al tiempo que uno mismo es motivo de enriquecimiento de aquel con el que se relaciona,
      al participar juntos en un proyecto compartido. Todos aprendemos de los demás y nos conocemos a nosotros mismos en el contacto interpersonal.

    • Todos los esfuerzos y recursos del personal se dedican a evaluar las necesidades de los alumnos y de los docentes, para adaptar la enseñanza y proporcionar
      los apoyos necesarios a todo el alumnado.

    • Desarrollar las estrategias de intervención y medidas de apoyo necesarias para detectar y atender las necesidades y características personales de cada alumno.
    • Un equipo de profesionales variado en el que maestros y especialistas de otras disciplinas trabajan al unísono, y ofrecen al alumno los apoyos específicos
      que necesita en el abordaje y tratamiento particular que precise.

    NUESTRA ESCUELA ES UNA PUERTA ABIERTA A LA EDUCACIÓN DE TODOS ESOS NIÑOS CON CAPACIDADES DIFERENTES, EN UNA ESCUELA PARA TODOS.

    Implantación del Método POINT

    Desde el Centro de Formación Internacional de Potenciación de Inteligencia (CIPOINT) situado en Las Rozas de Madrid, asesoramos a distintos centros en España y Centroamérica y ayudamos a la implantación del método mediante cursos, seminarios y auditorías presenciales.

    Desde el diseño inicial a la planificación del nuevo centro, la selección y formación del personal y el seguimiento continuo, nos aseguramos que el método educativo consiga sus objetivos y se refleje el resultado en sus alumnos.

    Póngase en contacto con nosotros para conocer los detalles de esta colaboración y podernos adaptar a sus necesidades.